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Celebrando y creando la paz
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Por Jorge Lomar [PUBLICADO EN LA REVISTA ATHANOR]
Con motivo de la celebración del día de la paz, el pasado día 17 de septiembre tuve el placer de acudir al Palacio de Congresos de Madrid al acto de la campaña internacional “Solo un Minuto”. Hubo música y mensaje, en él estuvieron personalidades con opinión de vanguardia y poder de convicción. Desde Federico Mayor Zaragoza, estandarte de la nueva humanidad en el ámbito institucional, hasta Ramiro Calle, importante referente en la enseñanza del yoga en España, todos los ponentes hablaron de la paz. Brillantemente, se supo poner el énfasis en la paz interior como fundamento de la paz exterior. Sin duda, es un avance. Hace unos pocos años, cuando se hablaba de paz, el concepto se circunscribía en la oposición a la lucha armada. Hoy hemos llegado a un grado de conciencia en donde por fin la responsabilidad individual fundamenta la paz, ya no es solo cosa de políticos y militares. Sin embargo encontré una carencia importante, algo que nadie expresó. En este acto se repitió que el modo de llegar a la paz interior era la naturaleza y la meditación, lo que me recordó la primera ley espiritual del éxito de mi admirado Chopra. El contacto con la naturaleza y la meditación nos hacen recordar quienes somos y nos conectan con el campo unificado. Estoy de acuerdo en que estos son hábitos que nos identifican con la paz. Pero hay más. Es momento de ir más allá. El gran olvidado de este acto fue el perdón. Nos falta el profundo trabajo del perdón expresado cada día, en nuestras relaciones humanas mas cercanas y en nuestras relaciones conceptuales mas abstractas. Nos falta perdonar a los demás, que viene a ser perdonarnos a nosotros mismos, perdonar a las ideas, a la humanidad, a lo material, a Dios, al mundo, al Universo.... Hablo de sanar nuestra mente. El perdón bien entendido es un modo de vida, un proceso sagrado de trabajo personal. Consiste en reparar nuestro pensamiento fragmentado, para instaurar una nueva mente limpia e íntegra. Es la vuelta a la inocencia consciente que nos permite descubrir el Amor que somos expresándose en el proceso de la vida. En realidad, el sentido de la vida hoy por hoy y en nuestro estadio evolutivo, es perdonar. Significa elevar nuestra tasa vibratoria de esencia amor hasta convertirlo en experiencia. En abril del 2006 se publicó un estudio sobre la evolución del terrorismo en esta realidad que cada día recreamos entre todos. El pasado año se produjeron 11.000 ataques terroristas. En el mismo informe del año 2002, el balance era de 198 ataques. Al año siguiente, fueron 208 y en el 2004, 651 atentados. Ha habido un salto cuántico en el número de atentados a la par que se ha desplegado, también cuánticamente, la lucha mundial contra el terrorismo. Al margen del negocio que supone el terror, es evidente que la lucha proporciona energía al conflicto, y este se amplifica en nuestra realidad. Humildemente, desde estas líneas se propone otra manera de trabajar el conflicto. El nuevo paradigma, el ho’oponopono, el curso de milagros, la sabiduría perenne, y la nueva conciencia nos ofrecen todos a una, la siguiente propuesta: podemos mirar dentro de nosotros para salvar el mundo, ya que el mundo somos nosotros. Puedes observar cualquier conflicto de tu vida. O si lo prefieres, elige un conflicto del mundo. También forma parte de tu experiencia, y lo puedes usar para autosanarte. Tal vez te interese Gaza, China, Irak... hay donde elegir. Actualmente hay propuestas de meditación para enviar luz o visualizar el equilibrio en estos escenarios. La propuesta de paz que aquí planteo es distinta, y compatible. Mira dentro de ti. Busca donde hay división, donde hay conflicto en ti. ¿Qué símbolos, emociones y sentimientos te produce la observación de estos conflictos? ¿Qué relación existe con las partes de ti que crean la simiente misma de estos conflictos en tu vida cotidiana? ¿Qué hay en común en estas actitudes que observas y en tus actitudes con las personas con las que tratas? ¿Dónde no vemos a otros como verdaderos espejos de nosotros mismos? ¿Que es lo que no aceptamos y amamos? ¿Dónde somos capaces de odiar a las formas tanto que olvidamos su significado esencial y por tanto el nuestro, tanto que llegamos a odiarnos a nosotros mismos? Y cuando hayas encontrado todos los hilos que unen tu experiencia con tu conciencia, tu realidad con tu percepción, en ese sagrado momento de revelación, siéntelo. Sé amable contigo mismo. Ve el niño que dentro de ti sufre confundido y maltratado. Ámale, ámate, y ama al mundo. Mira al niño, que eres tú, y dile tiernamente “Lo siento, y te amo”. |
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