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Por cortesía de Fundación ANANTA El autor en castellano de más éxito propone vivir sirviendo al amor y sin miedo. Ha recibido más de 5.000 cartas de sus lectores y lo dice como si recordara las lecciones que ha extraído de ellas. El éxito de Alex Rovira (Barcelona, 1969) como escritor es acorde con su devoción por el lenguaje y por la comunicación. “La palabra que nace del corazón –dice- cura las enfermedades del alma y del cuerpo y, por lo tanto, puede curar perfectamente el planeta”.
En esta entrevista con Fundación Ananta, Rovira deja ver una inmensa fe en la evolución humana y planetaria, y muestra entre otras convicciones que la alegría surge cuando ponemos la propia vida al servicio del amor, que la felicidad nace de dentro cuando se intenta ser útil a los demás, generando actitudes que transforman la existencia; confiando, sin miedo, entendiendo que la vida es una aventura…
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Hacia la ecología mental: el virus del sufrimientoEstás en una habitación llena de personas. En un momento dado, en un tono dramático alguien expresa su pesar ante cierto acontecimiento trágico ocurrido en el mundo debido a la inconsciencia humana. Puede tratarse de la represión violenta en Birmania, de Israel y Palestina o de los desastres consecuentes de la conquista estadounidense de Iraq. En cualquiera de estas situaciones en las que muchas personas sufren no hace falta pensar, ni juzgar, para darse cuenta de que algo ahí no funciona. Te lo susurra el corazón a gritos. No es preciso hablar siquiera. Pero sin embargo, cuando expresamos nuestro pesar en público por uno de estos acontecimientos, el éxito está asegurado, la acogida está garantizada. En ese momento, si emitimos indignación, profunda tristeza, incluso abiertamente miedo, habremos conectado con una parte de todos los presentes, habremos conectado con el cuerpo dolor colectivo, con el dolor del corazón humano. Incluso lo normal es que profundicemos en un sentimiento de unidad, de solidaridad tan evidente que de otro modo no hubiera sido posible. El miedo y la indignación también pueden unir personas. Pero las desunen de la vida y las enfrentan a otras personas.
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Deseo compartir con vosotros este testimonio en mi lucha contra el cáncer. He cumplido 56 años, estoy casado y tengo una hija. Durante casi 30 años y hasta hace muy pocos meses desempeñaba un trabajo como ejecutivo en una importante compañía multinacional de productos de gran consumo. Mi actividad había sido muy intensa y apasionante pero también muy absorbente. Aunque crecí en muchos aspectos, sin darme cuenta dejé desatendidas algunas partes esenciales de mi vida, como mi familia, amigos e incluso mi propio cuerpo. Por eso, di la bienvenida a la oportunidad de prejubilarme y montar un negocio propio siguiendo mi ritmo personal más moderado. Me retiré el pasado mes de Octubre para empezar mi nueva aventura. Sin embargo, la vida me tenía reservada una sorpresa y tenía otros planes para mí. A las pocas semanas me detectaron un cáncer de esófago con metástasis en el hígado. Me puse manos a la obra con el objetivo de curarme. Uso todos los medios posibles, tanto convencionales como la quimioterapia con un gran oncólogo, como otros más alternativos como la respiración, una nueva nutrición, la homeopatía, muchos paseos por el campo, el yoga, el “coaching” psicológico, el “reiki”, la meditación y la oración. Mi gran aprendizaje es que hay situaciones que sobre el papel tendemos a evaluar como muy malas cuando pueden ser una maravillosa oportunidad de crecer espiritualmente. En muchos aspectos esta enfermedad ha sido una bendición para mí. Me siento muy afortunado por vivir lo que estoy viviendo. Un día, un amigo mío de Inglaterra me sugirió que escribiese una carta a mi enfermedad porque podría ser una terapia muy potente. Así fue cómo surgió la Carta a Horacio, que compartí en la pasada Navidad. Esta carta fue el eco espiritual de muchas conversaciones que tuve con muchos amigos y familiares. Por eso es una carta que hemos escrito entre todos a la enfermedad de todos. Siempre he querido tener una postura muy abierta con mi situación y me complace enormemente que hagáis llegar esta carta a otras personas si pensáis que pudiese ser de ayuda.
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Por Jorge Lomar :: PUBLICADO EN ATHANOR Un escéptico es la persona que no cree. Sin embargo, es preciso creer en algo para sustentar el juego de la vida y encontrar un motivo para salir de la cama por la mañana. Por lo menos, es preciso creer que existe un suelo que te va a sostener. Realmente, la experiencia de la vida exige que depositemos confianza en un sinfín de cuestiones, nos demos cuenta o no de que lo estamos haciendo. Tenemos que creer en que cuando hemos abierto los ojos por la mañana existe una coherencia entre nuestras comprensiones acumuladas en la memoria y la realidad que ahí fuera nos aguarda. Y aún más, confiamos en poder pensar, hablar, comunicarnos con los demás e, independientemente de lo que pensemos, hablemos u opinemos, depositamos automáticamente nuestra confianza en una enorme base de creencias irrenunciable si queremos compartir la realidad con los demás. De modo que, como vemos, escéptico estrictamente hablando no es posible ser, ya que la experiencia depende de la creencia. El falso escépticoHabitualmente, se suele asociar el término escéptico a aquella persona que tan sólo cree en lo palpable, lo verificable por los sentidos y en aquellas creencias e ideas tradicional o científicamente aceptadas como ciertas. En mi opinión, no es adecuado llamar escéptico a este tipo de persona, aunque esté tan extendido este uso, ya que más bien es una persona que cree profundamente en sus sentidos y que cree inconscientemente en ‘lo de siempre’. Puede tratarse de una persona con un tremendo miedo a resultar ingenua, engañada o dañada; también puede ser alguien atrapado en el temor al rechazo, personas que quieren encajar y por ello asumen las creencias ‘socialmente verificadas y demostradas’, las menos extravagantes. La mayor parte de las veces son personas que emplean esta sobriedad científica y escéptica para justificar su estrechez de miras y su miedo a la apertura mental (siempre perturbadora).
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Por gentileza de la REVISTA ATHANOR  Eckhart Tolle ¿Ya forma usted parte de la familia de habitantes del Ahora? ¿No? ¿Y a qué está esperando? Tiene usted Ahora una magnífica oportunidad de reconectar con un mensaje que sin duda le resulta conocido pero en cuya práctica, por uno u otro motivo, tal vez no se decidió a ahondar: la tan ancestral recomendación de vivir en el aquí y ahora. La obra de Eckhart Tolle desgrana con tanta sabiduría y precisión los distintos factores que se hallan implícitos en el Ahora que resulta poco menos que imposible declinar su invitación y negarse a emprender el viaje. La entrevista que sigue a continuación no podrá contener más que atisbos que esperamos, amigo lector, amiga lectora, te sirvan para preparar tu incursión particular a un estado de conciencia que se adivina, por su sencillez y practicidad, como uno de los ejes fundamentales alrededor de los cuales deberá arremolinarse, en un Ahora ya no lejano, una nutrida Humanidad responsable de sus actos. Ahí nos encontramos. EL AHORA–Para ponernos en contexto: sintetícenos por favor en una frase en qué consiste ‘vivir en el Ahora’. –En ser libre de toda resistencia interna –en forma de juicio mental o negatividad emocional– a lo que estés experimentando o sintiendo en este momento. –¿Por qué se ahorra el ‘vivir en el Aquí’? –El Ahora ya implica el Aquí.
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